Las aves constituyen todo un mundo por descubrir en nuestros centros: desde el pollo blanco al pollo de corral, pasando por productos tan locales como el lumagorri o el pita pinta asturiano, además de gallinas de Guinea, pulardas, perdices, etc. 

Para los amantes de la carne de ave, la pechuga es la mejor parte: magra, jugosa, sin huesos, ligeramente sazonada y muy tierna. Desde la codorniz al pato o al pavo, la pechuga de las aves criadas en granjas o en libertad, de todos los tamaños, es un manjar para los amantes de la buena comida en sus distintas variaciones. 



Nuestra gama de productos

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Pollo Granja

Un animal del que se puede aprovechar cual quier parte para un menú económico, saludable y muy demandado. El pollo es el gran imprescindible de tu menú. 

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Pollo Corral

De sabor fuerte y textura más dura. Ideal para recetas con salsas o macerados. Un plato muy demandado por su gran intensidad.

conejo

Conejo

La carne de conejo es valorada a lo largo y ancho de nuestra geografía por ofrecer una gran varieda de platos típicos made in Spain. Desde paellas valencianas a ajillos madrileños. Destaca por su gran sabor, bajo contenido en grasa y bajo coste.

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Volatería

Valorada desde la época grecorromana, la volatería ha sido considerada una exquisitez por todos.

pato

Pato

Los productos del pato son un capricho para los paladares más exigentes. Un sinónimo de distinción en todas las culturas gastronómicas por su sabor fuerte y las suaves texturas de su carne e hígado.

Una razón de peso por la que la pechuga de ave es tan popular es porque se trata de una carne extremadamente magra: la proporción de grasa es solamente, de media, un 2 o un 2,5 porciento. Sin embargo, para cocinarla es necesaria una gran sensibilidad por parte de los cocineros: tal y como ocurre con otras carnes bajas en grasas, la pechuga de ave debe cocinarse con mucho cuidado, es decir, ni mucho ni poco tiempo, porque si no la carne se quedará seca y dura. La pechuga de ave suele estar disponible o bien sin huesos o con el hueso superior del ala todavía unido, y a menudo se hace referencia a ella con la palabra francesa “suprême”.

La codorniz: Un pájaro pequeño, un gran placer

La codorniz es la más pequeña de las aves de caza: la codorniz europea puede llegar a medir 18 centímetros, mientras que la japonesa sólo mide 15 centímetros. La cría de codornices por parte de los humanos se remonta a la Edad Media, pero sólo como aves cantoras. Sólo en el siglo XX comenzaron a considerarse un manjar.

Su carne tiene un ligero sabor a nuez y se parece ligeramente al venado. La pechuga de codorniz tiene una característica biológica que la hace muy apetecible para los cocineros y los amantes de la comida: de todas las aves de corral, la codorniz es la que tiene una mayor proporción de carne de pechuga en relación con su peso corporal, aproximadamente un 40 porciento. 


La pechuga de codorniz se vende con o sin piel, y por lo general se fríe o se guisa. También es sorprendentemente apropiada para hacerla a la parrilla en unas brochetas. Combina bien con los champiñones, los higos, las manzanas y la panceta, entre otros. 

Por cierto, las codornices son las únicas aves migratorias de todas las aves de caza: en otoño emigran de Europa al norte de África; sus homólogas japonesas pasan el invierno en el sur de China.
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El pato: Crujiente por fuera, jugoso por dentro

La pechuga de pato se vende sin piel en la mayor parte de los casos. La pechuga de pato de Muscovy es particularmente grande y puede llegar a pesar hasta 400 gramos. En otros patos, suele pesar entre 200 y 250 gramos, y la pechuga del pato macho siempre pesa más que la de la hembra.

Es habitual que la carne se fría entera con piel; si se unta la piel del pato con miel, se obtiene una corteza particularmente crujiente y sabrosa. 

Además, debe cortarse en zigzag con un cuchillo afilado antes de cocinarla. De este modo, nos aseguramos de que el calor no hace que la piel encoja en la sartén y, por tanto, que la carne cambie de forma, porque entonces lo más probable es que los bordes se queden planos y se cocinen mucho antes, mientras que la carne sigue cruda por dentro. 

Sin embargo, también se puede separar la carne de la piel y cortar en dados. Son muy populares los platos de pechuga de pato con especias mediterráneas como el tomillo, el romero o la naranja.


El pavo: El número uno de los platos

Los Aztecas, en lo que hoy conocemos como México, criaron pavos como mascotas. Estas aves llegaron a Europa gracias a Cristóbal Colón y, junto con el pollo, son la variedad de ave más común en la cocina. Generalmente, la carne blanca del músculo que se separa del esternón se presenta como pechuga. Consiste en un músculo grande con otro más pequeño, el filete de pavo, unidos. 


Por el medio del músculo se extiende un tendón, que se corta antes de cocinarlo. La pechuga de pavo se fríe entera como escalope de pavo, se corta en dados o en filetes finos. Los filetes son especialmente adecuados para preparar medallones, mientras que los extremos son mejores para guisar. La pechuga de pavo, caliente o fría, también es un ingrediente muy popular para ensaladas.
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Rollitos de pavo con espárragos

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Ingredientes

  • 8 escalopes de pechuga de pavo
  • 500 g de espárragos (blancos y verdes)
  • 100 g de panceta
  • 1 chalote (cebolleta)
  • 100 ml de nata
  • Perejil
  • Sal
  • Pimienta
  • Nuez moscada
Preparación
  1. Estire los escalopes de pavo y ablándelos, sazónelos ligeramente y cúbralos con la panceta.
  2. Escalde rápidamente los espárragos en agua con sal y enrolle cada pieza de pavo alrededor de un espárrago blanco y otro verde. 
  3. Corte los espárragos restantes y el chalote en láminas finas. 
  4. Dore los rollitos de pavo en una sartén y después métalos en el horno a 150° durante 12 minutos. 
  5. Dore rápidamente los espárragos y el chalote cortados, rehóguelos con la nata y déjelo hacerse solo un rato.

El vino perfecto para el pavo perfecto

El vino ideal para unos rollitos de pavo tiernos es un vino de cuerpo medio, afrutado y bajo en minerales – digamos, por ejemplo, un Chardonnay seco de Mâconnais, Francia.

¿Sabías qué...?

Los patos de Muscovy, que tanto gustan a los cocineros, son más grandes (y también tienen más pechuga y menos grasa) porque viven sobre todo en los árboles y no en el agua. Algunas razas de patos domésticos, por otra parte, no pueden volar porque pesan demasiado.
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