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Vega Sicilia, Protos… Nombres que suenan a tradición, firmeza y excelencia. Son algunos de los protagonistas de la historia del vino en Castilla y León, una historia tan larga como fructífera. Ya sabes que los romanos valoraban y cultivaban la uva vinífera en esta región, lo que confirma un legado milenario perfectamente arraigado en esta tierra. El cauce del río Duero ha observado las bodegas durante siglos y ha nutrido sus viñas. Bodegas grandes y señoríos, pero también pequeños viñedos de familias que vendimiaban para sí mismas y garantizaban un vino para el propio consumo.

Ese legado, ese conocimiento y esa forma de vida persistieron siglo tras siglo, hasta que la tecnología del siglo XIX modernizó la viticultura con sus nuevas técnicas y formas de entender la explotación de la viña y organizar la producción, así como de distribuirla y comercializarla. La tecnología moderna, aplicada a la sabiduría ancestral, lleva a la excelencia. Eso es, seguramente, lo que Don Eloy Lecanda Chavés estaría pensando, cuando instaló la bodega Vega Sicilia, en 1864, y empezó a crear unos vinos legendarios que han marcado los estándares de calidad de los vinos Ribera del Duero. Un reto para todas las casas de esta región castellanoleonesa y que garantiza unos resultados excelentes.

Esta excelencia te lleva hasta 1982, cuando los vinos Ribera del Duero consiguieron la Denominación de Origen, un reconocimiento bien merecido al buen trabajo y a la herencia cultural vinícola de una región que, de vinos, sabe como pocas. Este reconocimiento supuso un fortalecimiento sin precedentes en la comarca y potenció la replantación de muchos viñedos y el surgimiento de muchas nuevas bodegas de toda condición. A la sabiduría ancestral se han sumado conocimientos colectivos nuevos, que han marcado una diferencia sustancial en los vinos que hoy disfrutas.

Hoy, la D.O. Ribera del Duero está entre las más importantes del país y es una de las que más éxito tiene de cara al comercio exterior.

Una región y un clima para una uva de marcada personalidad

Es el río Duero el que define la producción de la D.O. Ribera del Duero, que sigue su cauce con fidelidad y agradecimiento durante unos 115 kilómetros de canal en sentido este-oeste. Los viñedos, situados en ambos márgenes del río, suben y bajan por los terrenos ondulados de la comarca y en altitudes que varían entre los 750 y 1.000 metros. Estos suelos, de perfil complejo (arcillosos y calizos y en mezcla diversa, según la zona), son los que sustentan y nutren a las generosas vides.

En esta región septentrional de la meseta, el clima continental atlántico se deja sentir sin pudor. Las temperaturas son extremas, con cambios bruscos durante la noche y deslizándose desde un verano cálido a un invierno muy crudo, que pasa a una primavera en la que las heladas no son extrañas. La lluvia es moderada y la insolación es abundante.

Este clima recio y exigente, más que lastrar a los viñedos, juega un papel interesantísimo en su desarrollo y confiere a la uva una personalidad única. El frío intenso retrasa el brote de la vid. La elevada insolación anual asegura la maduración, que es matizada y equilibrada gracias a los bruscos cambios de temperatura entre el día y la noche.
A este medio está excepcionalmente adaptada la tempranillo, conocida aquí como tinto fino o del país, que es la variedad imperante en la D.O. Ribera del Duero. Está presente en el 90 % de los viñedos y se acompaña de cabernet-sauvignon,merlot, malbec y garnacha tinta. Todas son cepas tintas y es que, si un color define la producción de la D.O. Ribera del Duero, es el rojo.

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Los vinos Ribera del Duero

La producción vinícola es, principalmente, de vinos tintos, algo que, como hostelero, ya conocerás, por pura experiencia profesional en el sector. Un mínimo del 75 % debe ser tempranillo y, en ningún caso, puedes utilizar más de un 5 % de garnacha tinta.


Las modernas técnicas aplicadas en la D.O. Ribera del Duero favorecen la producción de unos jóvenes excepcionales, de fácil ingestión, muy afrutados, frescos y de un rojo cereza muy vivo. Sin embargo, los vinos de la D.O. Ribera del Duero ganan muchos matices al envejecer. Los tintos crianza, que pasan un mínimo de doce meses en barrica de roble, se comercializan tras la vendimia del segundo año y muestran aromas profundos y plenitud de sabores.

Los tintos reserva envejecen 36 meses, doce de ellos en barrica de roble. Se comercializan en su tercer año. Son intensos y elegantes al olfato, así como equilibrados y potentes al gusto. Por último, los gran reserva son unos tintos de calidad realmente excepcional. Envejecen sesenta meses (24 en barrica) y llegan al mercado en su quinto año. Son complejísimos al olfato, plenos de aromas y firmes y equilibrados al gusto.

Antes de obtener la D.O. Ribera del Duero, la comarca producía mucho vino rosado, una práctica habitual que se abandonó, en gran medida, al observar las posibilidades que tenía el tinto tras dicho reconocimiento. Sin embargo, en la actualidad, algunas bodegas están relanzando los rosados, que se producen con, al menos, un 50 % de las cepas tintas mencionadas, fermentadas sin el hollejo, y la cepa blanca albillo. Los rosados Ribera del Duero se comercializan jóvenes y presentan aromas frutales con matices de bayas silvestres y fruta madura. Son afrutados y frescos en boca.

D.O. Ribera del Duero: bodegas de altura

Desde las casi mitológicas Vega Sicilia o Protos (cuyo nombre original era Ribera del Duero, que cedió para la Denominación de Origen) hasta las producciones más exclusivas de la bodega más tecnificada y reciente, pasando por las bodegas consolidadas relativamente de "edad madura" (Emilio Moro y Matarromera, por ejemplo), en la D.O. Ribera del Duero, podrás encontrar, como hostelero o profesional sumiller, más de 1.200 marcas de tinto o rosado. Una inmensa oferta que demuestra el vigor de esta D.O. No olvides que puedes dejarte asesorar por los sumilleres que te esperan en todos los centros Makro. Te ayudarán a preparar la mejor bodega para tu establecimiento.

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