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Las fresas son la quintaesencia de las frutas dulces: no hay gourmet que se precie, que no ame las fresas por su aroma deliciosamente refrescante. Combinadas con nata despliegan todo su atractivo, pero también naturales y en incontables variaciones en la alta cocina.


No obstante, las fresas no eran tan grandes y rojas en el pasado, aun cuando los romanos ya servían las fresitas salvajes con crema montada o también en preparaciones alcohólicas. Poetas como Virgilio y Ovidio ya alababan su delicioso aroma. El avance en el cultivo de frutos más grandes no se produce hasta el siglo XVIII cuando las fresas escarlata o de Virginia, procedentes de América del Norte y, posteriormente las plantas de fresas procedentes de Chile, llegan a Europa. A raíz de cruces casuales entre las formas salvajes americanas surgen las predecesoras de las fresas de cultivo actuales. En la actualidad, existen multitud de variedades que se recolectan en diferentes épocas del año, de modo que disponemos de fresas frescas casi en todo momento.

Valiosas y delicadas

Con un contenido relativamente pobre en azúcar y solo unas 40 calorías por 100 gramos, las fresas son una delicia ligera que, además, aporta gran cantidad de vitaminas y minerales. 150 gramos de fresas cubren el 93 por ciento de la necesidad de vitamina C diaria. Además, también son ricas en vitaminas del grupo B, calcio, niacina, ácido fólico, potasio y magnesio.
Ahora bien, las fresas dulces y saludables son también una fruta muy delicada que debe tratarse con sumo cuidado. Cualquier pequeño golpe estropea rápidamente la fruta. Las fresas aguantan unos días en la nevera, pero pierden aroma cada día que pasa. Por esta razón, cuanto más frescas, mejor.


Cerezas

  • Cerezas dulces

    Un clásico entre las frutas de mesa. Puesto que contienen poca acidez, cuando se cocinan su sabor es bastante anodino. Si bien se pueden utilizar en multitud de preparaciones, destacan en especial en platos dulces: macedonias, copas de helado, pasteles, bizcochos, soufflés y clafoutis, el típico postre francés a caballo entre una crepe y un bizcocho, son solo algunos ejemplos.

  • Guindas

    Suelen ser más oscuras que sus primas dulces. Contienen mayor cantidad de ácido frutal y son adecuadas especialmente para cocinar. Mermeladas y compotas son los platos clásicos, pero los cocineros más aventureros también pueden añadirlas en platos salados: la caza y el pato admiten combinaciones excelentes con estos frutos.

  • Cerezas Duke

    Son un híbrido de la cereza dulce y la guinda y su sabor es, por ello, agridulce. Las guindas o cerezas ácidas se consumen crudas, pero también son adecuadas para cocinar.




Hay pocas frutas con tal cantidad de variedades: se estima que existen unos 500 tipos de cerezas. Lo mejor es probar las diferentes variedades para averiguar qué variedad se convierte en nuestra preferida. Puedes escoger entre cerezas dulces, ácidas y Duke.


fresas-frescas

Cómo identificar unas fresas frescas y maduras:

  • Por su olor aromático y afrutado
  • Por su color rojo brillante
  • La pulpa es firme y jugosa al mismo tiempo
  • Las hojas son frescas y verdes y se sueltan con facilidad


Consejos y trucos: Cómo guardarlas y prepararlas

    • Lo mejor es consumir las cerezas bien frescas: en un plazo de dos a tres días tras la compra.
    • Si no deseas prepararlas de inmediato, te recomendamos que las dispongas sobre una bandeja y las guardes con pedúnculo en la nevera.
    • También se pueden congelar, pero entonces tendrás que quitarles el pendúnculo y mantener el hueso.
    • El primer paso para la preparación es el lavado. Si se lavan después de retirarles el pedúnculo y el hueso, pierden jugosidad.
    • Los aparatos modernos de cocina simplifican la tarea de deshuesar las cerezas. Para facilitar la retirada del hueso, algunos recomiendan meterlas en el congelador un par de minutos para que la pulpa esté firme y se pueda extraer el hueso con facilidad.
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